“La
celebración de la Eucaristía es la culminación y como el cauce de toda la
acción pastoral de los santuarios”; es preciso, por tanto, prestarle la máxima
atención, para que resulte ejemplar en su desarrollo ritual y conduzca a los
fieles a un encuentro profundo con Cristo.
A menudo
sucede que varios grupos quieren celebrar la Eucaristía al mismo tiempo, pero
por separado. Esto no es coherente con la dimensión eclesial del misterio
eucarístico, desde el momento en que esa manera de celebrar la Eucaristía, en
lugar de ser un momento de unidad y de fraternidad, se convertiría en expresión
de un particularismo que no refleja el sentido de comunión y de universalidad
de la Iglesia.
Una sencilla reflexión sobre la naturaleza de la Eucaristía,
"sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad", debería
convencer a los sacerdotes que guían las peregrinaciones a favorecer la reunión
de varios grupos en una misma concelebración, debidamente organizada y que
tuviera en cuenta – si fuera necesario – la diversidad de las lenguas; en
ocasión de reuniones de fieles de distintas naciones es conveniente que se
interpreten cantos en lengua latina y con las melodías más fáciles, al menos en
las partes del Ordinario de la Misa, especialmente el símbolo de la fe y la
oración del Señor. Tal celebración ofrecería una imagen genuina de la
naturaleza de la Iglesia y de la Eucaristía, y constituiría para los peregrinos
una ocasión de acogida recíproca y de enriquecimiento mutuo.