Para muchos fieles, la visita a un santuario es una ocasión
propicia, con frecuencia procurada, para acercarse al sacramento de la
Penitencia. Por lo tanto, es preciso que se preste atención a los diversos
elementos que contribuyen a la celebración del sacramento:
El lugar de la celebración: además de los confesionarios
tradicionales dispuestos en la iglesia, en los santuarios muy frecuentados
sería deseable que hubiera un lugar reservado para la celebración de la
Penitencia, que se pueda emplear también para momentos de preparación
comunitaria y celebraciones penitenciales, y que, dentro del respeto a las
normas canónicas y a la reserva que exige la confesión, ofrezca al penitente la
facilidad para dialogar con el confesor.
La preparación al sacramento:en no pocos casos, los fieles necesitan ayuda para realizar los actos
que son parte del sacramento, sobre todo para orientar el corazón a Dios, con
una sincera conversión, "puesto que de ella depende la verdadera
penitencia". Se deben organizar encuentros de preparación, tal como se
propone en el Ordo Paenitentiae, en los que, mediante la escucha y la meditación
de la Palabra de Dios, se ayude a los fieles a celebrar con fruto el
sacramento; o al menos se deben poner a disposición de los fieles subsidios
adecuados, que les guíen no sólo en la preparación de la confesión de los
pecados, sino para que alcancen un sincero arrepentimiento.
La elección de la forma ritual, que
lleve a los fieles a descubrir la naturaleza eclesial de la Penitencia; en este
sentido, la celebración del Rito para la reconciliación de varios penitentes
con confesión y absolución individual (forma segunda), debidamente organizada y
preparada, no debería ser algo excepcional, sino habitual, previsto sobre todo
en algunos momentos del Año Litúrgico. Realmente "la celebración
comunitaria manifiesta más claramente la naturaleza eclesial de la
penitencia". La reconciliación sin confesión individual íntegra y con
absolución general es una forma totalmente excepcional y extraordinaria, que no
se puede alternar con las otras dos formas ordinarias y no se justifica por la
sola razón de una gran afluencia de fieles, como sucede en las fiestas y
peregrinaciones.