Es una característica esencial y originaria: la
peregrinación, "camino hacia el santuario", es momento y parábola del
camino hacia el Reino; la peregrinación ayuda a tomar conciencia de la
perspectiva escatológica en la que se mueve el cristiano, homo viator: entre la
oscuridad de la fe y la sed de la visión, entre el tiempo angosto y la
aspiración a la vida sin fin, entre la fatiga del camino y la esperanza del
reposo, entre el llanto del destierro y el anhelo del gozo de la patria, entre
el afán de la actividad y el deseo de la contemplación serena.
El acontecimiento del éxodo, camino de Israel hacia la
tierra prometida, se refleja también en la espiritualidad de la peregrinación:
el peregrino sabe que "aquí abajo no tenemos una ciudad estable" (Heb
13,14), por lo cual, más allá de la meta inmediata del santuario, avanza a través
del desierto de la vida, hacia el Cielo, hacia la Tierra prometida.