El santuario, en cuanto lugar de anuncio de la Palabra, de
invitación a la conversión, de intercesión, de intensa vida litúrgica, de
ejercicio de la caridad es un "bien espiritual" que se puede
compartir, en una cierta medida y conforme a las indicaciones del Directorio
ecuménico, con los hermanos y hermanas que no están en plena comunión con la
Iglesia católica.
En consecuencia, el santuario debe ser un lugar de
compromiso ecuménico, sensible a la necesidad grave y urgente de la unidad de
todos los creyentes en Cristo, único Señor y Salvador.
Por lo tanto, los rectores de los santuarios deben ayudar a
los peregrinos a tomar conciencia del "ecumenismo espiritual" del que
hablan el decreto conciliar Unitatis Redintegratio y el Directorio ecuménico,
según el cual los cristianos deben siempre tener presente la intención de la
unidad en las oraciones, en la celebración eucarística, en la vida diaria. Así,
en los santuarios se debería intensificar la oración con esta intención en
algunos tiempos particulares, como la semana de oración por la unidad de los
cristianos, en los días entre la Ascensión del Señor y Pentecostés, en los
cuales se recuerda a la comunidad de Jerusalén reunida en la oración y en
espera de la venida del Espíritu Santo, que la confirmará en la unidad y en su
misión universal.
Además, los rectores de los santuarios promuevan, cuando
haya oportunidad, encuentros de oración entre cristianos de las diversas
confesiones; en estos encuentros, preparados con atención y colaboración,
deberá primar la Palabra de Dios y se deberán valorar las formas de oración características
de las diversas confesiones cristianas.
Según las circunstancias, será quizá oportuno extender, en
casos excepcionales, la atención a los miembros de otras religiones: existen,
de hecho, santuarios frecuentados por los no cristianos, que acuden allí
atraídos por los valores propios del cristianismo. Todos los actos de culto que
se realizan en los santuarios deben ser claramente conformes con la identidad
católica, sin ocultar jamás lo que pertenece a la fe de la Iglesia.
El compromiso ecuménico adquiere aspectos particulares cuando se trata
de santuarios dedicados a la Virgen María. En el plano sobrenatural, santa
María, que ha dado a luz al Salvador de todos los pueblos y que ha sido su
primera y perfecta discípula, tiene una misión de concordia y de unidad
respecto a los discípulos de su Hijo, por lo que la Iglesia la saluda con el
título de Mater unitatis; en el plano histórico, en cambio, la figura de María,
debido a las diversas interpretaciones sobre su papel en la historia de la
salvación, ha sido con frecuencia motivo de divergencia y división entre los
cristianos. Hay que reconocer, con todo, que en el aspecto mariano, el diálogo
ecuménico actualmente está dando sus frutos.